2-Objetivo
de estas páginas.
En el marco cronológico de la
transición del Siglo XIX al XX, y en el ámbito geográfico formado
por Europa y África, la PAC3 propone el estudio del proceso de
expansión colonial europea en el territorio africano. En ese estudio
abordaremos la situación de partida de los protagonistas del
reparto, las motivaciones que desencadenaron y alimentaron ese
proceso, cómo fue el reparto territorial -y porqué fue así- y
esbozaremos las repercusiones que se detectan en el momento actual
africano.
3-Los
protagonistas.
31-Europa:
imperialismo y colonialismo.
Las grandes revoluciones
americana y francesa de principios del Siglo XIX (entendido este de
manera amplia) han abierto paso a los procesos revolucionarios
europeos de la primera mitad de dicho siglo1.
El nacionalismo y el liberalismo, unas veces aliados y otras en claro
conflicto (al menos, ideológico) han conformado la historia europea
de ese período, y, paralelamente, la incorporación de la burguesía
a los resortes reales de poder (económico y político) ha sido
imparable. Las unificaciones de Italia y Alemania han dibujado lo que
será el mapa definitivo de los estados nacionales de la Europa
Central. En la periferia de la misma, no obstante, perviven tres aún
grandes imperios multinacionales, el austro-húngaro, el ruso y el
otomano, uno de los factores de inestabilidad territorial y política
que se alargarán hasta el conflicto de 1914, momento en el que ya se
puede hablar de “cierre” de este largo2
Siglo XIX.
El desarrollo de la economía
europea posterior a las unificaciones italiana y alemana se basa en
gran medida en un proceso de acumulación de capital, de
concentración de los procesos industriales y de incremento del poder
de los bancos, que da lugar a la aparición del “imperialismo” en
el sentido “moderno” del término. Efectivamente, en épocas
anteriores los europeos ya han colonizado otros territorios allende
sus fronteras, ya han creado “imperios” políticos con
repercusiones económicas evidentes, pero la situación actual es
diferente, y el concepto de “imperio” también lo es. Para dar
salida al capital acumulado es necesario ampliar el ámbito
territorial del mercado, y es también necesario ampliar la base
demográfica que lo sustenta. Las colonias tradicionales “se han
quedado pequeñas” y su papel convencional de generadoras de
materias primas y de pequeñas consumidoras de bienes metropolitanos
manufacturados ya no es suficiente para absorber el capital que la
boyante actividad económica europea está generando.
Así pues, a partir de 1875 (por
marcar un inicio...) Europa acuña un nuevo concepto -en muchos
sentidos, “global”- y lo pone en práctica de manera rápida y
eficaz. Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania, Holanda... entran
en una dinámica de expansión territorial colonial, no exenta de
rivalidades entre ellas, y que será otro de los factores a tener en
cuenta en el comienzo del conflicto de 1914. El imperialismo se hace
en gran medida “imperialismo nacionalista”, aglutinador de todo
tipo de ideologías, y con algunos tintes racistas o, al menos ,
xenófobos.
La expansión colonial se dirige
desde Europa hacia los dos continentes que tiene a su alcance, Asia y
África, unas veces basándose en situaciones coloniales previas y
otras partiendo desde cero. Debe aquí hacerse una referencia a la
cuestión tecnológica, muchas veces descuidada en los estudios
históricos: los conocimientos técnicos europeos, su capacidad
industrial y logística, su desarrollo militar... hacen posible la
expansión territorial que se emprende sin encontrar, en general, una
resistencia eficaz por parte de los habitantes de los territorios
invadidos.
En el ámbito que nos ocupa,
Europa tiene en África muchos menos
intereses económicos que en Asia, con la que ha venido manteniendo
muchas más relaciones de todo tipo a lo largo de la historia. Así,
cuando los europeos se lanzan sobre África, esta es “la gran
desconocida”, y debe abrirse pues un fuerte proceso de exploración,
en paralelo con el de colonización.
32-África:
un lugar en la historia.
A mediados del Siglo XIX, ¿qué
duda cabe de que los europeos “conocen” África? Los portugueses
la han visitado y utilizado como una ayuda para sus rutas marítimas
en los siglos XV y XVI, y lo mismo los holandeses en el XVII, así
como los británicos, franceses... Inicialmente, se busca una ruta
alternativa, bordeando África, que permita llegar a las Indias
Orientales sin tener que pasar (y pagar el tributo correspondiente)
por los países islámicos de los caminos terrestres tardomedievales.
Pero pronto se busca la riqueza en el propio continente africano, que
resulta ser una riqueza esquiva... poca minería, suelos poco
fértiles, clima difícil... y así surge el fenómeno, la lacra, de
la trata de esclavos negros3.
Son capturados y transportados por europeos a las Indias
Occidentales, en pleno auge económico, donde hace falta una mano de
obra intensiva para determinados cultivos, como la caña de azúcar,
azúcar que se consume en Europa, cerrando así un círculo infernal
de esclavitud. Este fue un fenómeno extremadamente complejo, al
igual que los problemas que planteó su abolición en el siglo XIX, y
al que hacemos referencia aquí solamente para enmarcar la visión
que un europeo podía tener sobre África y los africanos en la
época que estamos estudiando.
Y así vemos cómo los europeos
de ese momento pensaban en África como un territorio sin historia,
con unos habitantes considerados como “mercancía” durante varios
siglos y con unas riquezas potenciales que sólo la tecnología y el
capital europeo serían capaces de hacer aflorar. Con esta idea en el
pensamiento, no hace falta la más mínima justificación del expolio
que se avecina; simplemente, se tiene derecho, un derecho “natural”,
implícito en la dinámica de la historia, y se ejerce sin cortapisas
ni remordimientos.
En cualquier caso, no cabe hacer
juicios de valor sobre esta situación, fruto de unas circunstancias
y condicionantes históricos inevitables. De hecho, la actitud
europea hacia África ha sido prácticamente la misma hasta hace bien
poco. Desde el punto de vista histórico, África ha estado hasta muy
entrado el segundo tercio del siglo XX en el apartado de los “países
sin historia”, ya que la palabra “historia” se asociaba
sistemáticamente con la palabra “escrita”. El continente
africano no cuenta con las fuentes históricas escritas necesarias
para la historiografía tradicional, y es así que la historia de
África -que la tiene, dado que el tiempo también pasa por ella-
sólo se ha desarrollado a fondo en los últimos cuarenta años, con
un cambio de mentalidad de los historiadores difícilmente producible
anteriormente.
Sabemos pues así que en el año
1875, en el que (un tanto arbitrariamente) nos hemos fijado los
inicios de nuestro estudio, hay una pequeña presencia europea en
África, así como también la hay árabe. Hay que citar en primer
lugar a los boers en el Sur, tan claramente integrados en África que
casi no se les puede ya considerar europeos. Se encuentran franceses
en el Senegal, británicos en el Níger y en el Cabo, portugueses en
Angola, árabes en Zanzíbar,... repartidos en unos pocos
asentamientos costeros, con una economía más dirigida hacia el
tráfico marítimo que hacia los productos interiores del país,
economía que languidece un tanto a la par que la trata de esclavos
va disminuyendo.
Ante esa mínima presencia
extranjera, la África autóctona ofrece lo que sin lugar a dudas
puede calificarse de “enorme diversidad”: diversidad étnica,
diversidad cultural, diversidad económica y diversidad política. Se
está hablando, no hay que olvidarlo, de un extensísimo continente,
con unas profundas diferencias entre sus gentes y sus territorios.
Pero hay un factor común importantísimo para el futuro del
continente, la baja demografía africana4
en esta época. Motivada por múltiples causas (la trata de esclavos,
la gran mortalidad debida a las enfermedades tropicales y los brotes
de peste, la economía estrictamente de subsistencia), esta falta de
población condicionará los sucesos venideros, ya que, salvo alguna
excepción, no llegan a consolidarse estructuras políticas de una
cierta envergadura en todo el continente.
Así, encontramos en el Norte de
África estados de raíz otomana como Túnez, Argel, Egipto...,
prósperos, ya en la órbita económica europea, realizando algunos
esfuerzos “modernizadores”, pero extremadamente fragmentados y
frágiles en lo político. En el Occidente africano, la influencia
europea es casi nula en el momento precolonial, el nomadismo del
pastoreo es una de las características fundamentales de la economía
de la zona, e impide que se pueda superar la fragmentación política
de la sociedad. Si acaso, cabría señalar la unificación, con una
cierta estabilidad, de los hausa
bajo la organización del Califato de Sokoto a partir de 1804, pero
que es más una excepción que una norma en toda la región. En el
Sur, algunas de las entidades políticas que pueden considerarse
mínimamente estables (como el Reino Zulú o el Reino Suazi)
consiguen su unificación a base de mantener un militarismo agresivo
tanto hacia el exterior de su incierta frontera como hacia su propia
organización social. Por otra parte, la situación de toda la zona
está muy condicionada por la presencia de la colonia británica de
El Cabo desde 1806, única zona de todo África en que la presencia
del hombre blanco es porcentualmente significativa. Y por último, en
el África Oriental, quizás la más aislada de todo el continente,
se produjo un fenómeno de pauperización motivado por la
sobreexplotación de las pocas fuentes de riqueza disponibles (marfil
en la zona del lago Tanganica, por ejemplo), que llevó a toda la
zona a una situación de pobreza y violencia extremas5
en la época de nuestro estudio, con una situación social y política
inestable intrínsecamente.
En resumen, una potentísima
Europa, que inicialmente no tiene grandes intereses en África, va a
poner su punto de mira en un continente diverso en lo geográfico,
variado en lo étnico y completamente fragmentado en lo político. El
escenario está preparado y el telón a punto de levantarse.
4-Causas
y características del reparto.
Cuando se pretende analizar las
causas que motivan un hecho histórico, lo primero que puede hacer es
comentar “cuándo empezó”, pensando que el análisis de sus
comienzos dará alguna pista sobre la causalidad de los hechos. En el
caso del reparto de África que nos ocupa, este enfoque no nos
conduce a nada concreto, pues dependerá de nuestra interpretación
“a priori” el que hagamos una elección u otra de los hechos que
consideramos relevantes para el comienzo. Si hablamos de la expansión
francesa en Senegal (iniciativas un tanto personales de los
gobernadores coloniales de turno), nuestra fecha de partida será el
1879; si focalizamos nuestro interés en la expedición de Gambetta
sobre Túnez, deberemos hablar del 1881; si nuestros intereses son
más que nada economicistas, es evidente que el arranque de la
partición de África lo situaremos en el control financiero ejercido
por Francia e Inglaterra en Egipto, con la consecuente ocupación de
este en 1882; si estamos interesados en las relaciones de poder
centroeuropeas del momento, habrá que señalar el año 1884 como
crucial, ya que Bismarck se lanza en ese momento sobre el escenario
africano como parte de su política europea general. Y así, ad
infinitum.
Por tanto, de los inicios no
sacaremos muchas pistas sobre las causas, que habrá que buscar en un
plano más general. Ya lo hemos apuntado en los párrafos anteriores
(véase el punto 1.1), y, de manera muy resumida, puede decirse que
el reparto de África fue una consecuencia inevitable del
imperialismo europeo, nacido a su vez de la revolución industrial.
Este enfoque de tipo económico se ha visto complementado, más
recientemente, por otras componentes causales de tipo más político
y geoestratégico. Sobre todo en el caso inglés, África fue un
trampolín para la defensa de sus intereses más amplios en Asia. La
importancia estratégica del Canal de Suez también suele citarse
como una de los focos claves de la política británica en África,
de la misma manera que los primeros intereses comerciales de Holanda
en el Congo, o la utilización de la expansión colonial alemana como
parte de la política centroeuropea de Bismarck. Y tampoco hay que
olvidar el aspecto tecnológico de la cuestión: la medicina europea,
sus medios de transporte, su logística comercial, su clara
superioridad militar,... hizo posible lo que se hizo.
Pero una vez empezado el reparto,
sea ese momento cuando sea, aparecen otro tipo de causas que inciden
en su desarrollo, mantenimiento y culminación, y aquí es más fácil
fijar alguna de ellas. La primera, interior: no hubo -no pudo
haberla- una auténtica oposición africana al reparto. De entrada,
porque no hubo durante bastantes años nada a lo que oponerse. El
reparto eran unas líneas sobre un mapa, que no implicaban nada
concreto en la vida del día a día africano. Posteriormente, cuando
el reparto pasa del papel al territorio, la oposición indígena
jamás tuvo lugar a gran escala, ni espacial ni temporal. Hay que
añadir, además, que la mayor guerra originada durante el reparto,
la de los bóers, fue en realidad mantenida entre blancos. En segundo
lugar, el reparto se desarrolló hasta sus últimas consecuencias ya
que no hubo ninguna intervención exterior que modificase la dinámica
colonial emprendida. Los países no europeos (Rusia, Japón, Estados
Unidos) estaban con los ojos puestos en el posible reparto de China
-que no llegó a producirse- y así los países europeos tuvieron las
manos libres para hacer en África el reparto que quisieron hacer, y
que efectivamente hicieron.
El
detalle de este reparto se verá en los puntos siguientes del
estudio, pero encontramos algunas líneas generales en todo el
proceso que es conveniente comentar previamente para establecer el
marco general. En primer lugar, es un proceso rápido, muy rápido en
realidad. En segundo lugar, es un proceso sin grandes sucesos bélicos
(que no sin violencia), como podía esperarse dada la escala
continental a la que se produce. Las excepciones las constituyen la
guerra de los boers ya citada, la conquista inglesa del Sudán y la
italiana de Etiopía, poca cosa para los patrones bélicos de Europa
en toda su historia. Y en tercer lugar podemos decir que es un
proceso en dos fases, una sobre el papel, realizando una partición
sobre una abstracción en el mapa, y otra sobre el territorio, que
dió contenido a
posteriori
a las decisiones tomadas previamente.
5-El
reparto, en síntesis.
Es posible utilizar muy diversos
enfoques para abordar el “cómo fue” el reparto colonial de
África. Por ejemplo, uno de ellos sería el estrictamente
cronológico; otro, el que describiese lo realizado por cada país
europeo; otro, el que abordase el estudio de manera regional. De esos
tres citados se ha elegido el último, dado que parece que puede ser
el que mejor organice la descripción que pretende hacerse. Así
pues, dentro de cada región africana en la que los sucesos del
reparto mantengan una cierta coherencia e hilazón, se estudiará la
cronología y la autoría de los mismos.
A continuación hacemos un
esquema previo de lo que posteriormente se desarrollará, con la
intención de tener una panorámica general sobre ello:
-
En el norte: el inicio de “la
cuestión” en Túnez y Egipto (1881-1882)
- Una “anomalía”: el Congo de
Leopoldo II de Bélgica (1882-1885)
- En el oriente: la racionalidad
de Inglaterra y Alemania (1885-1890)
- En el occidente: Inglaterra y
Francia, comercio y guerra (1890-1898)
- En el Nilo: Inglaterra y
Francia, al borde del conflicto (1893-1898)
- En el sur: blancos contra
blancos (1890-1902)
- De vuelta al norte: Marruecos
(1905-1912)
6-El
reparto, en detalle.
61-En
el norte: Túnez y Egipto, 1881-1882.
❶El
establecimiento del protectorado francés en Túnez en 1881 y la
ocupación inglesa de Egipto en 1882 ponen sobre la mesa la cuestión
que ya hemos tratado antes: ¿es aquí y ahora donde se inicia el
reparto de África? Muchas veces se acepta el sí como respuesta,
pero en realidad es en Senegal (ver punto 4.4) donde Francia inicia
su nueva política colonial tras la derrota de 1870. Así pues, el
empezar esta exposición por el norte no es más que uno de los
muchos “principios” posibles.
❷En
el trasfondo de lo que se ha convenido en llamar “la cuestión
oriental” encontramos la política centroeuropea de Bismarck6.
Tras la derrota de Francia en 1870, el tratado de Frankfurt hizo a
esta ceder Alsacia y Lorena a Alemania, lo que inevitablemente abrió
una brecha profunda en las relaciones francoalemanas. En 1878 el
Congreso de Berlín, cuyo objetivo principal era el de “poner
orden” en los Balcanes, asigna a Francia la región de Túnez
(geográficamente, una simple prolongación de Argelia) como
compensación a otras decisiones adoptadas. En un principio, Francia
no acepta esta posibilidad con gran entusiasmo, quizás recordando
aún la aventura mejicana. Pero unos pocos años más tarde, y a
instancias del diplomático barón Alphonse de Courcel7,
el ejecutivo francés (con Gambetta8
al frente) decide intervenir en Túnez, tal como se le había
autorizado. En la primavera de 1881, y con el pretexto clásico de
“problemas fronterizos y ayuda a la autoridad local” se produce
la intervención militar francesa, y se obliga al Bey de Túnez,
Mohamed al Sadok9,
a firmar el tratado de El Bardo, en el que se sientan las bases del
futuro protectorado, figura jurídica que de facto
duró bien poco, pues Francia no tardó en adoptar un comportamiento
claramente colonial, con la absoluta desaparición de cualquier tipo
de autonomía local. De esta manera, Túnez, con un millón de
habitantes y una economía fuertemente endeudada, se convierte en una
de las primeras colonias europeas en África, y se pone de manifiesto
que Francia “vuelve a contar” en la escena europea, y, por
descontado, en África.
❸Aunque
Francia, a partir de Argelia y Túnez, ocuparía a la larga todo el
Magreb, su interés mayor -ya desde Napoleón Bonaparte- era el
territorio del Nilo, Egipto. Por el contrario, Inglaterra no parecía
tener un gran futuro en este país, ya que sus intereses
imperialistas miraban sobre todo a la India, la perla de la Corona.
Sin embargo, es Inglaterra la que, por un conjunto de circunstancias
muy diversas, acaba por hacerse con el control de Egipto y de todo el
valle del Nilo al sur del mismo. Quizás la primera de esas
circunstancias sea la abertura del Canal de Suez, en 1869, (por un
francés, Ferdinand de Lesseps10)
, cuya importancia estratégica fue inmediatamente evidente, así
como su potencial económico en relación con la ruta marítima hacia
Asia. Junto con el Canal, el Jedive Ismail11
emprendió un fuerte programa de modernización del país, que no
tuvo más remedio que financiar a base de empréstitos, que
condujeron a la economía egipcia a un estado de quiebra financiera
completa en 1876. Los acreedores principales, Francia e Inglaterra,
se hacen cargo de la intervención de la economía egipcia, fuerzan
la sustitución de Ismail por su hijo Tawfik12,
y en 1879 puede decirse que Egipto está bajo la soberanía de ambos
países. Las protestas egipcias no tardan en producirse, y en 1881
los militares, al mando del coronel Arabi Pachá13,
se hacen con el poder político, haciendo salir así a luz el
conflicto de autoridad entre el Jedive, los militares y las potencia
europeas que controlan la economía. Gladstone14,
desde el gabinete inglés de gobierno, intenta que sea el Imperio
turco el que resuelva la crisis de autoridad en Egipto, pero tropieza
con la oposición de Francia, que no quiere perder su influencia en
el país. Así, la única salida que queda es la intervención
militar, que, como siempre, se apoya en un pretexto cualquiera (en
este caso, “la protección del Canal”) y no tarda en hacerse con
el control total del poder en Egipto. Francia se retira, e Inglaterra
se afinca para muchos años sobre el Nilo.
❹Después
de la Primera Catarata del Nilo, en Aswan, se abre al sur el
territorio desértico de Nubia, que da paso aún más al sur a lo que
podemos llamar el Sudán egipcio, un territorio casi tan grande como
la India, frontera entre el mundo árabe y el mundo negro, uniéndolos
a través del Nilo y de sus afluentes. Sudán formaba parte de Egipto
ya desde las décadas de 1820-1840, cuando la política expansionista
de Mohamed Alí (abuelo de Ismail) lo sometió al poder de El Cairo.
También Ismail practicó la política de su abuelo, y expandió el
control de Sudán más hacia el ecuador, con ayuda de gobernadores,
tropas y armamento ingleses. El general Gordon15
es nombrado en 1877 gobernador de todo Sudán, y aparentemente
pacifica el territorio sudanés, retirándose posteriormente. Sin
embargo, la revolución mahdista16
de 1881 expulsa a los gobernantes egipcios de Sudán, y en 1883 puede
decirse que se está ya consolidando un nuevo reino17.
Gordon es llamado para ayudar a la evacuación de Sudán, pero
convierte su misión en un intento de vuelta al stato quo
anterior, y se ve asediado casi un año en Jartum, donde muere en
enero de 1885. La frontera del dominio inglés de Egipto queda fijada
en la Segunda Catarata, en Wadi Halfa, donde estuvo ya en tiempos de
Mohamed Alí.
❺Si
Túnez puso de manifiesto que Francia iba a tener una presencia
significativa en África, la ocupación inglesa de Egipto iba a
marcar fuertemente el proceso de partición de África. A partir de
la Convención de Londres de 1885, Alemania empezó a tener también
responsabilidades económicas en Egipto, mientras que Francia no
acababa de asimilar su pérdida de poder en el mismo, pérdida que
intentaría superar más adelante y que también procuró compensar
con la colonización de otros territorios. Inglaterra, por su parte,
quedó “atrapada” por el control financiero y político de
Egipto, viéndose obligada a ampliar su influencia hacia Sudán y
hacia los Grandes Lagos, y ello le llevó también a la ocupación de
otros territorios.
62-El
Congo y Leopoldo II de Bélgica (1882-1885)
❶El
río Congo atraviesa África Central de Este a Oeste, describiendo un
gran arco abierto hacia el Sur, y delimita una gigantesca cuenca
fluvial de cuatro millones de kilómetros cuadrados, más grande que
el subcontinente indio. Por extensión llamamos Congo a esa cuenca,
formada por sabana al norte y bosque al sur. De historia todavía no
muy estudiada, los europeos descubren el Congo en 1482, en un viaje
de exploración portugués. Tras varios siglos de ser un importante
centro de la trata de esclavos, a mediados del siglo XIX la economía
de los asentamientos europeos en la zona se basaba en el comercio de
productos agrarios, en el apoyo a la navegación, y poco más.
❷En
este momento se produce un hecho anómalo en la colonización de
África: un país joven, Bélgica, con una importancia muy limitada
en el conjunto europeo del momento, se hace con la posesión de una
gran porción del pastel africano (la décima parte de todo el
continente), y no precisamente una porción pobre. Además, el
proceso se inicia como una aventura personal de su segundo monarca,
Leopoldo II18,
interesado en tener un dominio colonial a toda costa. Las
exploraciones de Livingstone19
y, sobre todo, de Stanley20,
demuestran que el río es una buena puerta de entrada al África
Central, y Leopoldo II contrata a Stanley a la vuelta de sus viajes
de exploración hasta 1885. Mientras estas exploraciones tenían
lugar, Leopoldo II logró organizar una “Conferencia Internacional
Geográfica” en Bruselas, en setiembre de 1876. En ella se sentaron
las bases de la intervención en el Río Congo, planteada
inicialmente como un asunto de cooperación internacional,
cooperación compleja que nunca se puso realmente en funcionamiento.
Leopoldo II se consideró legitimado para llevar a cabo de manera
directa y personal la intervención decidida, y entre la Conferencia
de Bruselas de 1876 y la de Berlín en 1884-1885 consiguió hacerse
con el control del Congo.
❸En
una primera fase, las “buenas intenciones” internacionalistas
derivaron hacia una empresa de carácter estrictamente comercial y de
tipo privado, sin intervención estatal belga de ninguna clase. A
continuación, lo comercial deja paso, o mejor dicho, incorpora, a lo
político, y los esfuerzos del monarca se dirigen hacia la creación
de un “Estado Libre del Congo”, no sin encontrar una cierta
competencia por parte de los intereses franceses en el territorio y
por parte del control portugués de la zona costera donde desemboca
el Congo. Con Stanley como principal agente en el territorio,
Leopoldo II firma cientos de tratados de todo tipo con las
autoridades locales congoleñas, y mientras tanto, “engolosina” a
los europeos con el señuelo del “libre comercio” en un “estado
libre”. En la Conferencia de Berlín Leopoldo II logra el apoyo de
Bismarck a sus pretensiones territoriales congoleñas, y tras
Alemania, el resto de estados europeos acaban reconociendo, de mejor
o peor grado, las fronteras del (gigantesco) nuevo estado.
Evidentemente, Leopoldo II fue aceptado como su primer soberano en
agosto de 1885. La economía del nuevo estado no estuvo a la altura
de las expectativas del monarca, y comprometió fuertemente su
fortuna personal y familiar, recurriendo incluso a préstamos
estatales. Las necesidades mundiales de caucho, producto abundante en
el Congo, salvaron la situación, pero su explotación intensiva fue
acompañada de tales abusos21
sobre la mano de obra que la llevaba a cabo que Leopoldo II tuvo que
ceder la colonia al gobierno belga, lo que se produjo en 1908.
❹La
“anomalía congoleña” tuvo importantes repercusiones en el
conjunto del reparto africano. Introdujo múltiples tensiones entre
todos los estados europeos, tensiones que se reflejarían en el
proceso de reparto. Y también introdujo una partición territorial
de hecho del continente en el sentido norte/sur y
oriental/occidental, que determinaría la concreción de una buena
buena parte de las colonias europeas restantes.
63-África
Oriental: Zanzíbar, Inglaterra y
Alemania. La diplomacia. (1885-1890)
❶Llamamos,
geográficamente hablando, África Oriental a toda la costa del
Océano Índico. Pero desde el punto de vista que nos ocupa,
consideraremos sólo la porción comprendida al sur de
Somalia/Etiopía (de ámbito más árabe que africano) y al norte de
Mozambique, que tendrá más relación con el sur del continente. No
es un territorio pequeño, tiene una extensión similar a toda la
Europa occidental, y presenta un fuerte contraste entre el interior
(con la meseta de los Grandes Lagos) y la costa, tradicionalmente
utilizada por asentamientos comerciales árabes.
❷En
1840 Said ibn Sultán22
traslada la capital de su Sultanato de Omán a la isla de Zanzíbar,
y emprende una serie de importantes transformaciones económicas que
logran convertir a la isla en un autentico foco y motor del comercio
de la región. A su muerte, en 1856, el Sultanato se divide, quedando
Zanzíbar separada del resto del Sultanato de Omán, hecho que fue
bien recibido por los ingleses afincados en la isla, que ven así
acrecentada su implantación comercial en la misma. Francia, también
con intereses comerciales en la zona, deriva los mismos hacia la isla
mayor de Madagascar, que acabará siendo una colonia suya en 1895.
❸La
cooperación entre Zanzíbar e Inglaterra es bien fructífera, y se
extiende desde la isla hacia la zona de influencia terrestre del
Sultanato, que llegaba hasta los Grandes Lagos de forma puntual. El
Sultán Bargash23
veía con buenos ojos la creación de una colonia inglesa en esa
región terrestre, pero Inglaterra esquivaba aceptar más
responsabilidades coloniales (bajo el gobierno del liberal Gladstone,
rechazando incluso una petición formal de constituir un protectorado
hecha por Bargash en 1881.
❹Sin
embargo, la situación cambia en 1884 cuando Bismarck inicia sus
acciones coloniales en África. Una expedición alemana
“semiprivada”, la de Peters24,
en una acción relámpago, inicia procesos de anexión en la región
situada frente a Zanzíbar a base de firmar tratados privados con las
“autoridades” locales. Peters no llega a tiempo de presentar sus
resultados a la Conferencia de Berlín, pero inmediatamente después
de la misma, en febrero de 1885, Alemania constituye un protectorado
sobre lo que se convino en llamar “África Oriental Alemana”,
reconocido -un tanto a regañadientes- por el Sultán Bargash en
diciembre de ese año.
❺Evidentemente,
Inglaterra debía reaccionar de alguna manera ante esta nueva
situación, y emprende así negociaciones con Alemania que desembocan
en un tratado en diciembre de 1886. En él se fija la frontera entre
el África Oriental Alemana y la Francesa, constituida esencialmente
por el río Umba. Sin embargo, la costa propiamente dicha aún está
bajo la soberanía -por relajada que fuera- de Zanzíbar, por lo que
tanto Alemania como Inglaterra emprenden una decidida política de
expansión hacia la costa, a base de la creación de entidades
mercantiles privadas (BEEA y DOAG25)
que arriendan y usan porciones de la misma. Bargash no tiene más
remedio que ceder ante estas presiones, y en 1888 las costas de ambas
colonias ya están formalmente bajo control europeo. En este mismo
año, la colonia alemana, gobernada de manera privada como hemos
visto, y sometida a un exceso de impuestos, se ve inmersa en una
rebelión popular, que obliga a Bismarck a hacer intervenir
directamente al estado alemán para
reprimirla. El territorio es brutalmente pacificado, y en 1890 puede
decirse que se ha alcanzado una cierta estabilidad en la recién
creada colonia alemana. La parte inglesa del África Oriental no
sufre estas convulsiones, y se afianza más en su zona a base de
concesiones y acuerdos con el Sultán Bargash.
❻La
competencia entre Alemania e Inglaterra por ampliar sus territorios y
mejorar sus posiciones geoestratégicas (sobre el Nilo la una, sobre
sus interesa marítimos europeos la otra) las llevaron a una serie de
negociaciones, que cristalizaron en el Tratado de Zanzíbar-Helgoland
en 1890, en el que las posiciones en el oriente africano quedaban
definitivamente fijadas.
El
reparto de estas dos importantes colonias se hizo, pues, a base de
mucha diplomacia, sin ningún conflicto serio entre las dos potencias
europeas (aunque sí con violencia sobre la población, especialmente
en el área alemana), y practicando una política realista, de corte
europeo tradicional. Inglaterra consigue su objetivo de proteger a
Egipto de influencias de otras potencias (aunque debe renunciar a la
utópica idea del eje El Cairo – El Cabo) y Alemania se encontró,
un poco por la iniciativa personal de Peters, con una importantísima
colonia en una región en la que no parecía tener ningún futuro. En
el lado negativo hay que citar que ambas potencias se vieron
envueltas posteriormente en procesos de pacificación de revueltas
indígenas en sus territorios, nunca bien resueltos.
64-África
Occidental: Inglaterra y Francia.
Comercio y guerra (1890-1898)
❶En
puridad, África Occidental se extiende desde Gibraltar hasta El
Cabo, pero en el estudio que realizamos prescindiremos del norte
(Marruecos y el Sahara) y del sur (Namibia y Angola) , quedándonos,
a groso modo, con las cuencas fluviales del sistema Senegal-Gambia
por un lado, y del caudaloso Níger por otro. Si se prefiere, puede
hablarse del gran rectángulo delimitado al norte por la línea Dakar
– Tombuctú – Lago Chad y por el sur por el Océano Atlántico.
Al norte de la región el desierto del Sahara da paso, ya dentro de
la que estamos considerando, al Sahel, mezcla de desierto estepario y
de sabana. Al sur, incluyendo la propia costa, encontramos bosques
tropicales de difícil acceso. La sabana estuvo islamizada desde los
siglos XV-XVI, formando importantes estados, pero en las selvas
tropicales no llegaron a formarse estructuras políticas más allá
de las estrictamente locales.
Como
ya hemos visto en otras zonas africanas, el fin de la trata de
esclavos dio paso al comercio de materias primas, que en caso de esta
región se centró en el aceite de palma, junto con cacao, café y
algodón. Los asentamientos europeos no pasaban de la costa hacia el
interior, en gran parte por el difícil clima. Los más importantes,
hacia 1880, eran franceses (en el río Senegal) e ingleses (en el río
Gambia).
❷La
presencia francesa en Senegal estuvo marcada desde siempre por sus
intenciones expansionistas. Ya en el Segundo Imperio, hacia 1855, el
Gobernador de Senegal Louis Faidherbe26
ideó importantes proyectos de expansión que no llegaron a
desarrollarse. Tras el impasse
obligado por la guerra con Prusia (1870), un nuevo Gobernador, Brière
de l'Isle27
vuelve a dar el impulso expansionista que había quedado un tanto
diluido. Y es en 1879 cuando la acción de anexión territorial
empieza verdaderamente, decidiendo el gobierno francés la expansión
de la colonia costera hacia el interior, hacia el llamado Sudán
Occidental, o Sudán francés, o África Occidental Francesa. Se
nombra al Comandante Borgnis-Desbordes28
jefe de las operaciones militares, y se inicia la anexión del
territorio sudanés. De entrada han de someter a los Tukulores,
asentados en la región de Tombuctú. Una combinación de acciones
militares y tratados, no siempre respetados, consiguen al fin vencer
su resistencia en 1893. También se ven envueltos los franceses en
una guerra contra Samory29,
uno de los mitos de la resistencia africana a la colonización.
Fundador de un reino de fronteras imprecisas en el territorio que
estamos estudiando, organizador de un ejército disciplinado que le
permitió controlar dicho reino, inició conversaciones
(infructuosas) con los ingleses en Sierra Leona en 1885, buscando en
realidad su protección frente al conflicto con los franceses, que
desde 1880 hasta 1885 arrojaba un saldo bien negativo para Samory.
Ante la negativa inglesa, Samory se ve obligado a firmar un tratado
de protectorado con Francia, que inicialmente es más nominal que
otra cosa, y que aporta una cierta estabilidad a la zona, con
reconocimiento mutuo de fronteras, imprecisas, pero fronteras al fin
y al cabo. En 1891, y por incidentes (una vez más...) fronterizos,
Samory inicia una guerra con Francia que habría de durar hasta 1898,
con su captura y destierro.
Acaba
así la expansión francesa en el Sudán Occidental, con unas
características inéditas hasta el momento. En efecto, Francia tomó
la decisión política de invadir el territorio, y lo hizo creando
una decidida situación bélica de casi diez años, sin que fuera
precedida de ningún interés económico. El objetivo era claramente
político.
❸Hay
que retroceder ahora en el tiempo para ver qué hacían los ingleses,
dedicados al comercio del aceite de palma producido en el interior, a
partir de sus asentamientos costeros del delta del Níger. La
situación era estable, e Inglaterra, como en otros sitios, no
buscaba más obligaciones formales en la región. Pero a semejanza
con otras individualidades que hemos visto, y otras que veremos, la
escena cambia radicalmente con la aparición en 1877 de Sir George
Goldie30,
un comerciante inglés que se hace cargo de una pequeña empresa en
Níger. La reflota, la amplía, absorbe a la competencia, funda la
National African Company, compra las compañías francesas de la
zona, y, en definitiva, a finales de 1884 Goldie controla
económicamente hablando gran parte del Bajo Níger. La Conferencia
de Berlín de 1885 reconoce esta situación, y de esta manera el
Níger queda bajo influencia inglesa. Goldie se apresura a
incrementar esa presencia, extiende su control territorial río
arriba y firma toda clase de tratados para establecer claramente el
dominio inglés en la región. Así el gobierno inglés se ve en
cierta manera forzado a declarar un protectorado en la región del
Níger (en junio de 1886) y no tiene más remedio que entregar su
gestión a Goldie, bajo la cobertura legal de la Royal Níger
Company. En 1893, el gobierno británico de Lord Salisbury31,
empujado por las protestas de comerciantes ingleses que no quieren
plegarse a la actitud monopolista de Goldie, empieza a ejercer la
administración directa, al menos parcialmente, de lo que, aunque se
siga llamando protectorado, se ha convertido en una colonia.
❹La
expansión francesa desde el Senegal en dirección este, y la inglesa
por el Níger hacia el norte presentaban un claro riesgo de chocar
entre ellas. La tensión trató de rebajarse con el Tratado firmado
por ambas potencias en 1890 en el que se delimitaban las respectivas
zonas de influencia en el ámbito nigeriano. Dos puntos de vista muy
diferentes (militar y político el francés, económico y comercial
el inglés) parecían haber encontrado un cierto equilibrio.
Equilibrio de intereses que iba a romperse por la aparición, en los
primeros años de la década de 1890, del parti colonial
francés, que propugnaba un imperialismo más agresivo territorial y
políticamente. Esta actitud fue asumida por los responsables
gubernamentales de la política colonial, y se entró en una dinámica
de rivalidad franco-inglesa sobre la realidad del territorio. La
conquista de Dahomey, (un paso más de Francia hacia el Bajo Níger)
y, sobre todo, la disputa por el reino de Borgu, pusieron la
situación de rivalidad al borde del conflicto militar directo, ya
que a la impetuosidad francesa se enfrentó la firme decisión de
Chamberlain32,
ministro de Colonias inglés, de defender los intereses económicos
con la fuerza si hacía falta. Así pues, y para evitar el conflicto
directo, ambas potencias firmaron un tratado en 1898 (justo cuando
Francia acaba de vencer a Samory, pacificando el Sudán Occidental)
en el que se puso fin a la carrera emprendida para el reparto del
África Occidental, delimitando claramente la partición y las zonas
de influencia.
❺Después
del tratado franco-británico, Inglaterra se hace con el control
total del Níger, indemnizando a Goldie, y se crea el nuevo
Protectorado de Nigeria, una Nigeria grande en extensión, y con
buenas perspectivas económicas. A su vez, Francia completa sus
planes en el Chad, uniendo así sus posesiones coloniales. El reparto
de África Occidental prácticamente ha finalizado, y en él se han
puesto de manifiesto dos maneras muy diferentes de hacer las cosas, y
con resultados también muy diferentes, pues si bien Francia se queda
con una mayor extensión territorial, es bien cierto que el mayor
potencial económico para el futuro queda en manos inglesas.
65-Egipto
y el Nilo: Francia e Inglaterra en Fachoda (1893-1898)
❶Desde
la ocupación inglesa de Egipto en 1882, Francia no aceptaba el
carácter de exclusividad que Inglaterra deseaba para ese territorio.
Habiéndose llegado a un cierto estancamiento, Francia intenta
reabrir la “cuestión egipcia”, para lo cual necesita tener
alguna posesión territorial si no en Egipto, al menos en algún
punto del Nilo, más al sur. A su vez, Inglaterra, para afianzar su
posición estratégica egipcia, decide reconquistar Sudán, el Sudán
egipcio. Lo lleva a cabo Kitchener33,
a la vez que Marchand34
emprende una larga marcha hacia el Nilo. Ambos convergen en 1898 en
un mísera población del Nilo Blanco, en la confluencia con el
Sobat, Fachoda, que se convierte en todo un símbolo de la rivalidad
anglofrancesa.
❷Francia
inicia pues varios intentos de conseguir una presencia física cerca
del Nilo para poder negociar con Inglaterra desde una cierta posición
de fuerza. La expedición de Monteil en 1893 abrió este proceso35,
planteando una aproximación desde el Congo hacia el Nilo (con la
connivencia interesada de Leopoldo II...). El objetivo se fija en
Fachoda y se inician los preparativos, pero en 1984 Leopoldo II llega
a un acuerdo con los ingleses sobre las zonas de influencia en las
proximidades del Nilo, obteniendo alguna concesión territorial entre
Fachoda y el Lago Alberto. Los ingleses intentaban de esta manera
“taponar” el acceso francés al Alto Nilo, y así lo entiende
Francia, que finalmente aborta la misión Monteil.
En
1894 se plantea otra expedición similar, la de Liotard36.
La expedición sólo llega hasta la frontera de la cuenca fluvial del
Nilo, sin ir más allá al verse desprovista de medios para continuar
debido a un cambio ministerial en la metrópoli. Por parte de
Francia, sin embargo, había quedado establecido el principio de que
la política del parti colonial
había sido asumida por el gobierno francés, pero ello provocó en
Inglaterra una reacción en el sentido de considerar la penetración
francesa en el Alto Nilo como un hecho claramente hostil.
En
1895 empieza a gestarse otra expedición, la “definitiva” de
Marchand, enmarcada por otros dos importantes acontecimientos en la
región, la gran derrota de las tropas italianas en Etiopía (batalla
de Adua, marzo de 1896) frente al negus Menelik II37,
y el comienzo de la reconquista del Sudán egipcio por Kitchener,
decidida por el gabinete de Lord Salisbury en ese mismo mes de marzo.
Se reactiva la misión de Marchand y se inicia en enero de 1897,
constituyendo un hecho insólito en dificultades logísticas (más de
cinco mil kilómetros de viaje y cien toneladas de pertrechos).
Siguió esencialmente los cursos fluviales, primero el Congo, luego
el Ubangui, a continuación el Bahr el Ghazal, y no llegó a Fachoda,
tras grandes dificultades, hasta julio de 1898, dieciséis meses
después de dejar el Atlántico en Loango. La oposición de los
seguidores del mahdi es vencida con relativa facilidad, y Marchand
toma posesión de Fachoda en nombre de Francia, firmando un primer
tratado de protectorado con los shilluks de la región, el 3 de
setiembre de 1898.
❸Marchand,
evidentemente, no sabe que el día antes Kitchener ha ganado en la
práctica la guerra de reconquista de Sudán, al vencer en la batalla
de Omdurman, en las afueras de Jartum. Kitchener se dirige
inmediatamente a Fachoda, en la que entra el 19 de setiembre. Las
protestas diplomáticas por la ocupación francesa se enmarcan en una
desigual situación de ambos militares. El inglés tiene a su
disposición un ejército fuerte y victorioso, mientras que los
franceses no pasan de ser un puñado de expedicionarios fatigados y
mal armados. Además, lo que para Francia no es mucho más que una
cuestión sentimental, de prestigio, para Inglaterra es algo
absolutamente decisivo en su política egipcia. Francia da marcha
atrás, Marchand se retira hacia Djibouti en el Mar Rojo, Inglaterra
y Egipto asumen el poder en Sudán, y se firma en 1899 un tratado
entre Francia e Inglaterra con el reconocimiento de las fronteras
fijadas.
❹El
episodio, un tanto “aventurero”, de Fachoda, tuvo importantes
repercusiones en las posteriores relaciones francobritánicas y en el
desarrollo de las últimas acciones del reparto de África. De
entrada, las relaciones entre ambos países se deterioraron mucho
con el incidente de Fachoda, pero la política francesa,
inevitablemente, se tuvo que dirigir hacia otros territorios
africanos (intentado unir todas sus posesiones en el occidente y en
el norte), con lo que la fricción con Inglaterra disminuyó mucho,
sentándose así las bases para la eliminación total de sus
rivalidades coloniales, lo que cristalizaría en la “Entente
Cordial” de 1904.
66-África
Meridional: blancos contra blancos (1890-1902)
❶En
el extremo sur del continente podemos imaginar un triángulo
invertido, con el vértice inferior en el cabo de Buena Esperanza y
la base, más o menos, en la línea imaginaria que une las
desembocaduras de los ríos Congo y Zambeze. A toda esa región
africana hemos convenido en llamarla “África Meridional”. Tiene
una posición estratégica evidente, ya que está bañada por dos
océanos y su vértice estaba llamado a convertirse en un punto de
inflexión clave en la navegación marítima hacia la India. Un
portugués, Bartolomeu Dias, dobla el cabo de Buena Esperanza por
primera vez en 1488, pero el primer asentamiento europeo lo llevan a
cabo holandeses en 1652 con intención de tener un puesto de
aprovisionamiento en la ruta de las Indias Orientales. La población
autóctona que se encuentran es descrita dividida en dos grandes
grupos, los bosquimanos (cazadores-recolectores) y los hotentotes
(pastores seminómadas), y no presenta en realidad casi ninguna
oposición a la presencia de europeos, no demasiado numerosa de
momento.
❷Para
el estudio que nos ocupa, podemos empezar fijándonos en los años
1795-1814, cuando Inglaterra, aprovechando el conflicto europeo con
Francia, se apodera de la pequeña colonia de El Cabo, situación
ratificada por el Tratado de Londres de ese año de 1814. La muy
diversa población europea ya afincada en la región (holandeses,
alemanes, franceses...) ven a Inglaterra como el invasor que es, y
empieza así el futuro conflicto entre esos habitantes iniciales
(afrikaners o boers, de gheboer,
campesinos) y la potencia británica.
❸Un
importante núcleo de boers inicia en 1835 una gran migración hacia
las tierras del interior, con el ánimo de independizarse por
completo del dominio inglés, buscando tierras libres y, en
particular, rechazando las teorías igualitarias entre blancos y
negros que empezaban a difundirse entonces. Se crean asentamientos
boers en lo que sería el Transvaal, Orange, Natal... no sin tropezar
con una fuerte resistencia de las tribus zulúes38.
En 1843, Inglaterra se anexiona por la fuerza la región de Natal, y
los boers mantienen sólo el dominio en Trasvaal y Orange, con unos
40.000 habitantes. Tanto los ingleses como los boers comparten un
mismo afán expansionista, lo que, en la zona relativamente limitada
que ocupaban, les lleva en 1881 a una primera confrontación armada39.
El ejército inglés, avanzando desde Natal hacia Transvaal (a la
sazón dirigido por Kruger40,
un afrikaner de pura cepa) es vencido por los boers en Majuba, primer
hito en su camino hacia la independencia. El sentimiento afrikaner
sale muy reforzado de este primer encontronazo con los británicos,
tanto en el propio territorio afrikaner como en las colonias inglesas
de El Cabo y Natal. El gobierno de Gladstone, ante las dificultades
de mantener una guerra que se intuía de muy alto coste, elige el
camino de la negociación y firma la Convención de Pretoria, por la
que reconoce la independencia de Transvaal, fijando sus fronteras, a
cambio de un incierto control inglés. Kruger sigue negociando con
Londres, y en 1884 (Convención de Londres) el estado de Transvaal es
ya totalmente independiente de la Corona.
❹Es
en estos años cuando se produce la única intervención no británica
en la zona. Entre Angola, en la que los portugueses gestionan como
pueden su mínima economía, y El Cabo, la región que será
posteriormente Namibia es anexionada por Alemania en 1884, tras los
viajes de exploración y comerciales de Lüderitz41.
Al mismo tiempo, se produce otro de los acontecimientos decisivos en
la zona, el descubrimiento de importantes minas de oro en Transvaal.
Su explotación, basada en grandes inversiones de capital y en una
gran cantidad de mano de obra, revoluciona por completo la economía
y la sociedad de Transvaal, en la que los afrikaners empiezan a no
ser ya mayoría. Simultáneamente, está surgiendo desde El Cabo la
figura de Cécil Rhodes42,
comerciante con gran fortuna, que se embarca en importantes acciones
anexionistas hacia el norte, como si el eje El Cabo – El Cairo
estuviese al alcance de su mano. Ya hemos visto que no fue así, pero
sus actividades condujeron directamente a la creación de la
importante colonia que luego llevaría su nombre, Rhodesia. Rhodes
apoyaba la doctrina inglesa de “asfixia” de Transvaal,
impidiéndole expandirse hacia el este o el oeste en busca de los
puertos que necesitaba imperativamente para su economía. Una de las
acciones emprendidas fue la fracasada invasión de Transvaal por
Jameson43,
impulsada por Rhodes, y que pretendía dar el poder a los
innumerables trabajadores que habían accedido a Transvaal atraídos
por su pujante desarrollo.
❺No
es de extrañar que este tipo de actuaciones fuese deteriorando
fuertemente las relaciones entre los boers e Inglaterra, la cual iba
poco a poco subiendo el nivel de lo que exigía, con la intención de
provocar una crisis en el gobierno de Kruger. Ciertamente lo
consigue, pero con unas consecuencias posiblemente no bien
calculadas, ya que en 1899 se inicia la segunda guerra de los boers
contra los ingleses, con gran número de bajas en ambos bandos. La
guerra “estándar” inicial es ganada, como no podía ser de otra
manera dada su superioridad en hombres y armamento, por Inglaterra,
pero a continuación se genera una intensa lucha de guerrillas, desde
mediados de 1900, en la que los boers tienen muchas ventajas
tácticas. En 1902 se firma finalmente un tratado de paz en Pretoria,
por el que las repúblicas boers pierden la independencia aunque
conservan un cierto grado de autonomía.
❻Esta
segunda guerra de los boers tuvo un coste muy elevado para ambas
partes, y era la culminación del largo proceso de desavenencias que
habían marcado las relaciones con Inglaterra desde un principio.
Tuvo motivos estratégicos evidentes, pero también económicos, y no
puede considerarse una guerra “colonial” sino más bien cabe
calificarla de “ideológica”, ya que en el trasfondo estaba bien
presente el deseo de independencia de los boers para conservar su
modelo social. Es el único momento y lugar de África en donde se da
un enfrentamiento de esta envergadura entre los propios europeos
colonizadores, en buena parte motivado por ser la región en donde la
colonización atrajo a tan gran número de ellos. En cualquier caso,
los ingleses tuvieron aquí una victoria pírrica: en 1910 los boers
controlan de nuevo el poder político en la zona, y posteriormente,
en 1961 Suráfrica abandona la Commonwealth. Las consecuencias del
conflictivo proceso de implantación del hombre blanco en la región
se dejaron sentir durante todo el siglo XX, y no está claro que
hayan desaparecido del todo.
67-En
el norte de nuevo: Marruecos
(1905-1912)
❶Marruecos,
en el noroeste africano, tiene sus límites africanos (Argelia,
Sahara,...) pero sobre todo, tiene también límites europeos a
través del Mediterráneo. Por ello, su importancia estratégica era,
y es, grande, y a pesar de haber sido el último territorio africano
en entrar en el reparto, no por ello hay que pensar que no se le dio
la importancia que se merecía. Los asentamientos europeos iniciales
datan del siglo XV (Ceuta y Melilla, de control español), en un
territorio pobre que había sido islamizado en el siglo VII,
trampolín árabe hacia Europa a través de la Península Ibérica. A
principios del siglo XIX Marruecos es un país atrasado en muchos
aspectos, no sólo respecto a los países europeos, sino también
respecto a los países de su entorno, sin que se aprecie ningún
movimiento de modernización. En cierta manera, este atraso de
Marruecos puede considerarse una de las causas por las que la
colonización llegó tan tarde.
❷Desde
el momento en que Francia se instala en Argelia hacia 1830, la
situación de Marruecos empieza a cambiar, apreciándose una
penetración francesa desde el este, junto con una serie de intereses
económicos de otros países europeos establecidos en su zona más
occidental. La crisis política de las maltrechas instituciones
marroquíes van dando paso, con algunos episodios violentos pero en
general de forma pacífica, al control europeo de los mecanismos de
poder. Españoles y franceses sobre todo, pero también alemanes,
ingleses e italianos tenían aspiraciones sobre el control de
Marruecos, por muy diferentes motivos y en diferentes grados. Muy
resumidamente, puede decirse que dichos intereses eran “históricos”
en el caso español, económicos en el caso inglés y francés, y
bastante confusos en el caso alemán. A raíz de la Entente Cordial
francobritánica de 1904, Alemania se ve en la necesidad de dar un
paso adelante para no perder sus posibilidades en la zona, y una
visita imperial a Tánger llevada a cabo por Guillermo II en 1905
pone de manifiesto que Alemania quiere seguir presente en la región.
Se convoca una conferencia en territorio español, en Algeciras, en
1906 para decidir sobre la cuestión marroquí, que, bajo aspectos
aparentemente “técnicos” del territorio ocultaba una profunda
rivalidad entre Alemania y Francia, más política que económica.
Los demás países hicieron causa común con Francia, y las
posiciones de Alemania salieron muy debilitadas de la Conferencia de
Algeciras.
❸En
1911 se produce una crisis en las relaciones entre las potencias
interesadas en Marruecos. Francia ocupa Fez, los españoles
reaccionan ocupando Larache, y los alemanes se presentan en Agadir.
Las conversaciones que tuvieron lugar después de estos incidentes
acabaron con la firma de un acuerdo entre Francia y Alemania, en el
que, a cambio de concesiones en otros territorios africanos, Alemania
abandonaba sus pretensiones en Marruecos. Francia, ya con las manos
libres, empieza a crear un protectorado en Tánger, y a partir del
Tratado de Fez en 1912 se reparte (desigualmente) el territorio
marroquí con España. La independencia marroquí no se recuperaría
hasta 1956.
❹El
reparto marroquí es un tanto anómalo en el conjunto de la
colonización africana, ya que se hace muy tarde, cuando los grandes
repartos ya hacía tiempo que estaban decididos, y porque en él la
rivalidad colonial “clásica” entre Francia e Inglaterra ha sido
substituida por un conflicto de intereses francoalemanes. En
realidad, en los hechos de Marruecos se pueden detectar ya los
vientos de la guerra de 1914, que, si bien empezó por los Balcanes,
tuvo también su ocasión de empezar en Marruecos. El reparto
marroquí es más una cuestión de política europea que de política
colonial, a diferencia de los anteriores repartos comentados
anteriormente, con los que (casi) no tiene nada que ver.
7-A
modo de conclusión y resumen: el después.
Desde 1880 hasta 1914 hemos visto cómo y porqué se produjo el
reparto de África. Ni empezó en 1880 ni acabó en 1914, pero en esos treinta
años se produjo lo esencial del reparto.
La guerra de 1914 llevó a África algunos escenarios bélicos
secundarios, y es en el período que le sigue, el periodo entre las dos guerras
mundiales, cuando la economía africana despega fuertemente, y se produce a la
vez un notable incremento de la población blanca en el continente negro. La II
Guerra Mundial marca otro hito en la historia de las relaciones europeas y
africanas, pero esta vez los acontecimientos militares son importantes en el
conjunto de la guerra y la participación de tropas africanas no fue meramente
simbólica.
Después
de la II Guerra Mundial, la conciencia europea sobre el colonialismo
había cambiado radicalmente, así como la de los propios africanos,
y se inicia un rapidísimo movimiento descolonizador. En general, es
un proceso pacífico, con la excepción quizás de Argelia, de la que
Francia se separó de forma bastante traumática. Las potencias más
activas en el reparto, Francia e Inglaterra procuraron mantener los
lazos que se habían establecido en la época colonial, y así vemos
cómo Francia mantiene buenas relaciones con lo que aún llamamos “el
África francófona”, esencialmente los países del Níger. La
lengua francesa aún constituye en buena parte del continente una
lingua franca de relación
entre muchas etnias de bases lingüísticas diferentes y entre los
europeos y los africanos francófonos. Inglaterra, a su vez, ha
conservado fuertes lazos de todo tipo en Egipto y en Suráfrica,
zonas en las que un inglés se ha podido sentir “como en su casa”
al menos hasta hace bien poco.
Las
independencias conseguidas por los países africanos no han conducido
en todos los casos, ni mucho menos, a regímenes democráticamente
estables, y el continente africano es hoy todavía escenario de
fuertes crisis políticas, económicas y humanitarias. Uno de los
legados europeos más evidentes, el trazado de las fronteras, no ha
ayudado en todas las ocasiones a facilitar la convivencia entre los
países limítrofes. Pero el trazado de esas fronteras africanas,
siempre sujeto a tratados entre los colonizadores europeos, tuvo, al
menos, una parte buena al hacer cristalizar unas entidades políticas
viables. Se pasó de varios millares de unidades políticas
identificadas antes de la partición a las decenas existentes hoy en
día, lo que sin duda fue positivo al crear esatdos con unos factores
de escala adecuados a la situación mundial del siglo XX.
La
época colonial que hemos estudiado es, en realidad, corta: apenas un
siglo como mucho, nada en la historia del continente. La presencia
europea, si bien nos parece que fue “importante” desde nuestro
habitual punto de vista etnocéntrico, no lo fue en demasía, a
excepción quizás de Suráfrica. Los gobiernos europeos de las
colonias apenas “arañaron” la superficie de la realidad
africana, y si bien es cierto que se ayudó en la modernización del
continente en su conjunto, también lo es que esa modernización en
muchos casos ya había empezado y se hubiese desarrollado también
sin la presencia europea.
En
el momento actual, y motivado por muy diversos factores, Europa ha
vuelto un tanto la espalda a África, y se ha entrado en una
situación que recuerda inevitablemente a la situación anterior a la
partición: una lejanía cortés, una indiferencia teñida en muchos
casos de egoísmo. Si el balance de la época colonial desde el punto
de vista africano es evidente que no puede ser en exceso positivo,
desde el lado europeo aún parece serlo menos.
8-Biblio
y webgrafia.
A)Los
libros utilizados para estudiar y documentar el trabajo realizado se
exponen a continuación separados temáticamente. Se especifican,
cuando procede, los capítulos que más se han estudiado:
A1)El
marco general:
1.-FERNÁNDEZ,
A., “Edad
Contemporánea”, en
Historia Universal Vol. IV, Vicens Vives, Barcelona, 2006. (Cap. 15)
(*)2.-VILLANI,
P.,
“La edad
contemporánea, 1800-1914”,
Ariel Historia, Barcelona, 1999. (Cap. 8)
A2)El
marco imperialista:
3.-FIGUEROLA,
J., “L'Imperialisme”, Mòdul 5 de l'assignatura
“Història contemporània I”, Ed. UOC, Barcelona, 2002. (Cap. 1 i
2)
4.-FIELDHOUSE,
D.K., “Los
imperios coloniales desde el siglo XVIII”, Ed. Siglo XXI, Col.
Historia Universal Vol. 29, Madrid, 1993. (Cap. 7, 8, 9 i 13)
(*)5.-HOBSBAWN,
E., “La
era del Imperio, 1875-1914”,
Crítica, Barcelona, 2001.
6.-MOMMSEN,
W.J., “La
época del imperialismo. Europa, 1885-1918”,
Ed. Siglo XXI, Col. Historia Universal Vol. 28, Madrid, 1993. (Cap.
2)
7.-PAGÈS
BLANCH, P.,
“Las
claves del Nacionalismo y el Imperialismo 1848-1914”,
Ed. Planeta, Col. Las Claves de la Historia, Barcelona, 1991. (Pág.
77- al final)
A3)El
marco africano:
8.-BERTAUX,
P.,
“África.
Desde la prehistoria hasta los años sesenta”, Ed.
Siglo XXI, Col. Historia Universal Vol. 32, Madrid, 1994. (Cap. del 8
al 16)
9.-ILIFFE,
J., “África.
Historia de un continente”,
Cambridge University Press, Col. African Studies Series, Madrid,
1998. (Cap. 8, 9, 19 y 11)
(*)10.-WESSELING,
H.L., “Divide
y vencerás. El reparto de África (1880-1914)”,
Ed. Península, Barcelona, 1999.
(*)Libro
recomendado de su grupo.
B)En
este trabajo, la información utilizada basada en la WEB se ha
reducido a detalles puntuales, algún mapa, alguna biografía... la
información de la que disponía en formato libro ha hecho
innecesario el recurso exhaustivo a la red, imprescindible en otras
ocasiones. Las notas a pie de página deben entenderse como meras
ampliaciones de la narración, que pueden leerse o no sin que se
afecte el hilo de la misma.
“Si
pudiera, anexionaría los planetas”
(Cécil
Rhodes)
José Carlos Vilches Peña
En Vielha, a 24 de diciembre de 2007
9-Anexo.-Unos mapas imprescindibles.
A1-África hacia 1880.
Ver el mapa,
tomado de
WESSELING, H.L., “Divide y vencerás. El reparto de África (1880-1914)”,
Ed. Península, Barcelona, 1999, pág. 2
A2-África en 1914.
Ver el mapa, tomado de
WESSELING, H.L.,
“Divide
y vencerás. El reparto de África (1880-1914)”,
Ed. Península, Barcelona, 1999, pág. 6
A3-África en la actualidad.
Ver el mapa, tomado
de WESSELING, H.L.,
“Divide
y vencerás. El reparto de África (1880-1914)”,
Ed. Península, Barcelona, 1999, pág. 8
10-Notas en el texto.
1
Ver PAC1 y PAC2 de esta asignatura.
5
Livingstone, hablando de esta región africana, no duda en
calificarla de “la llaga abierta del mundo” (ILIFFE:1998,
pág. 235)
25
British East African Association, Deutsche Ost-Afrika Gesellschaft
38
Posteriormente, los ingleses también se enfrentarían con los
zulúes, con grandes pérdidas (batalla de Isandlwhana, 1879) y con
una fuerte inversión en hombres y material para acabar con la
resistencia zulú.
39
A las tensiones territoriales hay que añadir
las derivadas
del descubrimiento de las importantísimas minas de diamantes, cuyo
control cae en manos inglesas.